La burbuja del Mississippi

Yuval Noah Sarari cuenta en su libro «Sapiens» la historia de la mayor crisis financiera de la Europa del siglo XVIII.

La llamada «Burbuja del Mississippi».

 

Es una buena historia.

 

 




En 1717 había una empresa francesa que decidió colonizar el valle inferior del río Mississippi, en EEUU. 

 

(Nota: en aquella época parte de las ocupaciones de territorios extranjeros se hacían de forma privada. Es decir, una empresa contrataba soldados y colonizaba un territorio)

 

Para financiar su plan, esta compañía vendió acciones en la bolsa de París.

Y vendió muchas.

A mucha gente.

 

Lo que había en ese valle eran pantanos y caimanes,

pero la empresa decía que era un sitio lleno de riqueza y oportunidades

y el gobierno francés la respaldaba (luego verás el motivo).



Mira cómo subió el precio de la acción.

Al principio se compraban por 500 libras y en 1719 se disparó.

Subió a 2.750,

luego 4.100,

5.000,

10.000…

La gente vendía sus propiedades y pedía préstamos para poder comprar acciones.

De locos.



Pero un día el precio de la acción paró.

Luego empezó a bajar.

Algunos especuladores descubrieron la farsa

y comenzó el pánico.

(como en el 2008)



El precio pasó de 10.000 libras a cero.

Cero.



Imagina,

 

vendes tu casa e inviertes tus ahorros para hacerte millonario

y te quedas sin nada.

Nada.

 

Drama total.

Unos acabaron muy pobres y muchos se suicidaron. 

Todos ellos sin saber lo que realmente había ocurrido.

 

El fondo de esta historia tiene una trama oculta.

La provocó el desastre.




Sigo.



Esta burbuja fue posible gracias a la intervención de un personaje clave.

John Law.

Este hombre (además de tener un gran nombre) tenía más títulos que Leo Messi.

Era (al mismo tiempo) gobernador del banco central de Francia, ministro de Finanzas de Francia y, ojo, el director de la compañía.

 

Ya te lo estás oliendo.

 

La compañía del Mississippi usó el poder político para manipular los precios de las acciones y promover el frenesí comprador.

John Law no solo provocó la ruina de muchas familias intentando salvar su empresa,

si no que para conseguir mantener el precio de las acciones,

hizo que el estado francés comprara gran parte de la compañía antes de que perdiera todo su valor.



Ruina para todos y un aplauso para John.



Pero fíjate como es la historia.

Como una cosa lleva a la otra.



La gente dejó de tener confianza en el sistema financiero francés.

Esto provocó que el gobierno, para poder pagar sus deudas tuviera que pedir préstamos a tipos de interés muy altos,

cada vez más altos.

Y claro,

pides más deuda,

pagas más intereses,

pides más deuda para pagar esos intereses,

y entonces te das cuenta de que tienes que pagar más intereses que antes,

y para poder pagarlos pides más deuda…

 

Resultado? La Revolución Francesa.

 

 



¿Sigues ahí?

 

Lo tuyo es vicio.

Vaya chapa…

 

En esa historia hay muchas lecciones, pero quédate con esta.

La importancia de transmitir confianza.

El gobierno francés dejó de hacerlo y fue su perdición.



¿Te has preguntado alguna vez lo que transmite tu empresa?

 

¿Un banco que no te conoce te daría crédito a un buen precio?

¿Tu empresa es atractiva para un inversor o comprador?

 

 

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