El uso que haces de los datos que genera tu negocio, puede llevarte a tomar decisiones importantes. Decisiones que harán que tu empresa vaya a mejor… O no.
¿Cómo te llevas con los datos de tu negocio?
Dicho de otro modo, ¿cómo puedes saber si tus niveles de datos en sangre son los correctos?
Si sufres de exceso de datos, lo más probable es que dirijas una empresa de cierto volumen y estarás relacionado con lo siguiente:
- Bloqueo mental que te impide tomar decisiones.
- Sensación de incapacidad en la gestión de la información que te llega.
- Estrés nocturno provocado por pensar que no has hecho lo suficiente durante el día.
Si tu patología es consecuencia del defecto de datos, es probable que notes:
- Falsa sensación de seguridad en tus decisiones.
- Momentos de incertidumbre sin explicación aparente.
- Variante empresarial del síndrome “Edward Smith”. Solo la notarás cuando tengas un gran problema delante sin solución (*).
(*) Para quien no le conozca, Edwar Smith era el capitán del Titanic. Este síndrome hace que tu cara tuerza el gesto de una forma claramente indicativa de no saber por dónde te ha venido el asunto. Todos fuimos testigos de la aparición del último caso conocido de este síndrome, el de Luis Enrique mientras veía la tanda de penaltis desde el banquillo.
Lo cierto, es que la mayoría de la población empresarial sufrimos de esto.
Y es normal.
Muy muy normal.
Conozco empresarios que han aprendido a llevar sus empresas sin programas de gestión. A base de conocer bien el sector y coger experiencia a base de palos. A estos les ha ido muy bien, pero saben que pueden mejorar aún más si utilizan los datos de su negocio.
Luego hay otros empresarios que, motivados por la nueva era de la información y el análisis de datos, con la intención de tener el mejor control posible de su empresa, se ven abrumados por el exceso de información y se dan cuenta de que esto les bloquea la toma de decisiones.
Para ambos casos la solución puede ser la misma. Usar el dato, pero de manera sencilla.
Me explico.
Te lo cuento en forma de pasos a seguir, por si te planteas cómo hacerlo.
1. Piensa en qué quieres conseguir a un plazo vista con tu empresa (por ejemplo, un importe de ventas determinado), o en qué es lo que más te preocupa y necesites controlar (por ejemplo, nivel de tesorería).
No lo hagas difícil, piensa en 3 objetivos, no más. Los que saben de analítica de datos dicen que este es un número óptimo.
2. Decide qué dato es el que va a servir para conocer la información que quieres controlar, definida en el paso anterior.
Esto es lo que llaman indicadores clave de desempeño (KPI le llaman los anglófilos).
3. Cuantifica. Ponte el objetivo numérico a conseguir con esos 3 indicadores.
Este proceso, tan sencillo, puede ayudarte a orientarte en el día a día y decidir mejor, de cara a conseguir llegar a los objetivos que te propongas.





